24/6/20

Escribir cartas significa desnudarse delante de los espectros

Paga, finales de marzo de 1922

[…]

La fácil posibilidad de escribir cartas tiene que haber traído al mundo —visto sólo teóricamente— un horrible trastorno de las almas. Es, en efecto, una relación con espectros, y no sólo con el espectro del destinatario, sino también con el propio espectro, que se le va formando a uno, sin darse cuenta, en la carta que escribe o incluso en una serie de cartas, en la que una carta confirma la otra y puede invocarla como testigo. ¡A quién se le habrá ocurrido pensar que la gente podía relacionarse por correspondencia! Se puede pensar en una persona lejana y se puede tocar a una persona cercana, todo lo demás supera las fuerzas humanas. Pero escribir cartas significa desnudarse delante de los espectros, cosa que ellos esperan ansiosos. Los besos escritos no llegan a su destino sino que los espectros se los beben por el camino. Con una alimentación tan sustanciosa se multiplican enormemente. La humanidad lo percibe y lucha contra ello; para eliminar en lo posible lo espectral entre los hombres, y lograr el contacto natural, la paz de las almas, ha inventado el ferrocarril, el automóvil, el aeroplano, pero ya no hay ayuda posible, son manifiestamente inventos hechos ya en el despeñadero; la parte contraria es mucho más serena y fuerte, ha inventado, después del correo, el telégrafo, el teléfono, la telegrafía sin hilos. Los fantasmas no morirán de hambre, pero nosotros nos iremos a pique.

Franz Kafka, Cartas a Milena

5/5/20

Testigos del incendio de Notre Dame



15 de abril, 2019 - REUTERS/Benoit Tessier

Otros títulos del mismo autor

Algunos libros que pienso publicar una vez que me decida a escribirlos.
  • Historia de lo indecible
  • Los diez hábitos de la gente altamente improductiva
  • Juana de Arco: Recuerdos de egotismo (biografía)
  • Des/afocado: Fotografías tomadas por ciegos
  • París, Dinamarca: Guía completamente equivocada de París
  • Errores, fracasos y mentiras para optimistas (argumento teológico)
  • En busca del tiempo despilfarrado: Diarios 1999-2018
  • “No es aquí, es en el otro buzón”: Cartas para mi vecino 2002-2005
  • La lengua: ¿Un órgano necesario? (polémica)
  • Blanco sobre blanco (Catálogo de obras mínimas)
  • Ya sé todo lo que me quieres decir: autoayuda para necios
  • Él: autobiografía ficticia
  • Los grandes errores de Cristo y otros textos polémicos (ensayo)
  • La hoja se mantiene en el árbol: Haikus de un solo verso
  • Bioética, mecánica cuántica, deconstrucción y otros temas que desconozco
  • Bisnieto de Lincoln, sobrino de Lenin, primo de Einstein y otros personajes intrascendentes (ensayo)
  • Onomatopeyas siniestras (poemas)
  • No recuerdo bien: Memorias
  • Contra el uso de la palabra en la vida diaria (polémica)
  • Íntegro: Hacia una poética de las obras completas (ensayo)
  • Pum: Sobre la destrucción de absolutamente todo (dos tomos)

Quintet (1979)


Quintet
Quintet, una película de Robert Altman con Paul Neuman que a nadie le gusta. A mí me intriga por las imágenes y la música, aunque sospecho que ha de ser bastante aburrida (no la he visto).

Elogio del crimen


El filósofo produce ideas, el poeta poemas, el cura sermones, el profesor compendios, etcétera. El delincuente produce delitos. Fijémonos un poco más de cerca en la conexión que existe entre esta última rama de producción y el conjunto de la sociedad y ello nos ayudará a sobreponernos a muchos prejuicios. El delincuente no produce solamente delitos: produce, además, el derecho penal y, con ello, al mismo tiempo, al profesor encargado de sustentar cursos sobre esta materia y, además, el inevitable compendio en que este mismo profesor lanza al mercado sus lecciones como una «mercancía». Lo cual contribuye a incrementar la riqueza nacional, aparte de la fruición privada que, según nos hace ver un testigo competente, el señor profesor Roscher, el manuscrito del compendio produce a su propio autor.

El delincuente produce, asimismo, toda la policía y la administración de justicia penal: comisarios, jueces, abogados, jurados, etcétera., y, a su vez, todas estas diferentes ramas de industria, que representan otras tantas categorías de la división social del trabajo, desarrollan diferentes capacidades del espíritu humano, crean nuevas necesidades y nuevos modos de satisfacerlas. Solamente la tortura ha dado pie a los más ingeniosos inventos mecánicos y ocupa, en la producción de sus instrumentos, a gran número de honrados artesanos.

El delincuente produce una impresión, unas veces moral, otras veces trágica, según los casos, prestando con ello un «servicio» al movimiento de los sentimientos morales y estéticos del público. No solo produce manuales de derecho penal, códigos penales y, por tanto, legisladores que se ocupan de los delitos y las penas; produce también arte, literatura, novelas e incluso tragedias, como lo demuestran no solo La culpa, de Müllner, o Los bandidos, de Schiller, sino incluso el Edipo (de Sófocles) y el Ricardo III (de Shakespeare). El delincuente rompe la monotonía y el aplomo cotidiano de la vida burguesa. La preserva así del estancamiento y provoca esa tensión y ese desasosiego sin los que hasta el acicate de la competencia se embotaría. Impulsa con ello las fuerzas productivas. El crimen descarga al mercado de trabajo de una parte de la superpoblación sobrante, reduciendo así la competencia entre los trabajadores y poniendo coto hasta cierto punto a la baja del salario, y, al mismo tiempo, la lucha contra la delincuencia absorbe a otra parte de la misma población. Por todas estas razones, el delincuente actúa como una de esas «compensaciones» naturales que contribuyen a restablecer el equilibrio adecuado y abren toda una perspectiva de ramas «útiles» de trabajo.

Podríamos poner de relieve hasta en sus últimos detalles el modo como el delincuente influye en el desarrollo de la productividad. Los cerrajeros jamás habrían podido alcanzar su actual perfección si no hubiese ladrones. Y la fabricación de billetes de banco no habría llegado nunca a su actual refinamiento a no ser por los falsificadores de moneda. El microscopio no habría encontrado acceso a los negocios comerciales corrientes si no le hubiera abierto el camino el fraude comercial. Y la química práctica debiera estarles tan agradecida a las adulteraciones de mercancías y al intento de descubrirlas como al honrado celo por aumentar la productividad.

El delito, con los nuevos recursos que cada día se descubren para atentar contra la propiedad, obliga a descubrir a cada paso nuevos medios de defensa y se revela, así, tan productivo como la ingeniería, en lo tocante a la invención de máquinas. Y, abandonando ahora el campo del delito privado, ¿acaso sin los delitos nacionales habría llegado a crearse nunca el mercado mundial? Más aún, ¿existirían siquiera naciones? ¿Y no es el árbol del pecado, al mismo tiempo y desde Adán, el árbol del conocimiento? Ya Mandeville, en su The Fable of the Bees (1705), había demostrado la productividad de todos los posibles oficios, etcétera., poniendo de manifiesto en general la tendencia de toda esta argumentación: «Lo que en este mundo llamamos el mal, tanto el moral como el natural, es el gran principio que nos convierte en criaturas sociales, la base firme, la vida y el puntal de todas las industrias y ocupaciones, sin excepción; aquí reside el verdadero origen de todas las artes y ciencias y, a partir del momento en que el mal cesara, la sociedad decaería necesariamente, si es que no perece.»

Karl Marx (1857)

11/12/19

La comunión con el cosmos

"Not speaking and speaking are both human ways of being in the world, and there are kinds and grades of each. There is the dumb silence of slumber or apathy; the sober silence that goes with a solemn animal face; the fertile silence of awareness, pasturing the soul, whence emerge new thoughts; the alive silence of alert perception, ready to say, “This… this…”; the musical silence that accompanies absorbed activity; the silence of listening to another speak, catching the drift and helping him be clear; the noisy silence of resentment and self-recrimination, loud and subvocal speech but sullen to say it; baffled silence; the silence of peaceful accord with other persons or communion with the cosmos."

Speaking and Language
Paul Goodman

8/11/19

Diez y seis libros

  1. "El mono gramático", Octavio Paz
  2. "Minima Moralia", T.W. Adorno
  3. "Cartas a Felice", Franz Kafka
  4. "Los diarios de Emilio Renzi", Ricardo Piglia
  5. "LTI. La lengua del Tercer Reich", Victor Klemperer
  6. "Los ensayos", Michel de Montaigne
  7. "Inquisiciones/Otras inquisiciones", Jorge Luis Borges
  8. "Nadja", André Bretón
  9. "Trilogía de la memoria", Sergio Pitol
  10. "Por el camino de Swann", Marcel Proust
  11. "Notas sobre el cinematógrafo", Robert Bresson 
  12. "Diario de Moscú", Walter Benjamin
  13. "Museo de la Novela de la Eterna", Macedonio Fernández
  14. "El manifiesto del Partido Comunista", Karl Marx y Friedrich Engels
  15. "La feria", Juan José Arreola
  16. "La interpretación de los sueños", Sigmund Freud

14/8/19

Animas Trujano


Heart of Darkness

“It was un­earthly, and the men were—No, they were not in­hu­man. Well, you know, that was the worst of it—this sus­pi­cion of their not be­ing in­hu­man. It would come slowly to one. They howled and leaped, and spun, and made hor­rid faces; but what thrilled you was just the thought of their hu­man­ity—like yours—the thought of your re­mote kin­ship with this wild and pas­sion­ate up­roar.”
“The mind of man is ca­pa­ble of any­thing—be­cause ev­ery­thing is in it, all the past as well as all the fu­ture. What was there af­ter all? Joy, fear, sor­row, de­vo­tion, val­our, rage—who can tell?—but truth—truth stripped of its cloak of time. Let the fool gape and shud­der—the man knows, and can look on with­out a wink. But he must at least be as much of a man as these on the shore. He must meet that truth with his own true stuff—with his own in­born strength. Prin­ci­ples won’t do. Ac­qui­si­tions, clothes, pretty rags—rags that would fly off at the first good shake. No; you want a de­lib­er­ate be­lief. An ap­peal to me in this fiendish row—is there? Very well; I hear; I ad­mit, but I have a voice, too, and for good or evil mine is the speech that can­not be si­lenced. Of course, a fool, what with sheer fright and fine sen­ti­ments, is al­ways safe.”
“I thought, ‘By Jove! it’s all over. We are too late; he has van­ished—the gift has van­ished, by means of some spear, ar­row, or club. I will never hear that chap speak af­ter all’—and my sor­row had a star­tling ex­trav­a­gance of emo­tion, even such as I had no­ticed in the howl­ing sor­row of these sav­ages in the bush. I couldn’t have felt more of lonely des­o­la­tion some­how, had I been robbed of a be­lief or had missed my des­tiny in life.”
Joseph Conrad

10/8/19

Panoramas




Dürer, Tarkovsky, Cuarón

Interior

Las cosas que entran por el silencio empiezan a llegar al cuarto. Lo sabemos, porque nos dejamos olvidados allá adentro los ojos. La soledad llega por los espejos vacíos, la muerte baja de los cuadros, rompiendo sus vitrinas de museo; los rincones se abren como granadas para que entre el grillo con sus alfileres; y, aunque nos olvidemos de apagar la luz, la oscuridad da una luz negra más potente que eclipsa a la otra.

Pero no son éstas las cosas que entran por el silencio, sino otras más sutiles aún; si nos hubiéramos dejado olvidada también la boca, sabríamos nombrarlas. Para sugerirlas, los preceptistas aconsejan hablar de paralelas que, sin dejar de serlo, se encuentran y se besan. Pero los niños que resuelven ecuaciones de segundo grado se suicidan siempre en cuanto llegan a los ochenta años, y preferimos por eso mirar sin nombres lo que entra por el silencio, y dejar que todos sigan afirmando que dos y dos son cuatro.

Gilberto Owen